ajo: el alimento que ha despertado el interes de la ciencia durante decadas y sigue siendo objeto de estudio

El ajo (Allium sativum) ha sido utilizado desde la antigüedad no solo como ingrediente culinario, sino también como remedio natural en diversas civilizaciones. En las últimas décadas, la comunidad científica ha volcado su atención hacia este bulbo para comprobar de forma rigurosa la validez de sus usos tradicionales, descubriendo una compleja red de compuestos organosulfurados con notables propiedades biológicas.

Compuestos bioactivos principales

La clave del impacto farmacológico y nutricional del ajo radica en la transformación de sus componentes al ser manipulado:

Aliína y Alicina: El ajo entero contiene aliína, un aminoácido azufrado inodoro. Al machacar, picar o masticar el diente de ajo, se activa una enzima llamada aliinasa, que convierte la aliína en alicina. Este último es el compuesto volátil responsable de su aroma característico y de la mayoría de sus propiedades medicinales inmediatas.

S-alil-cisteína (SAC): Presente en concentraciones elevadas en el ajo negro o añejado. Es un compuesto hidrosoluble, estable y de fácil absorción con un alto poder antioxidante.

Ajoenos y ditiínas: Derivados secundarios de la alicina que destacan por su acción sobre la agregación plaquetaria y la circulación.

Principales hallazgos y beneficios respaldados por la ciencia

Salud cardiovascular y control arterial: Diversos estudios clínicos sugieren que el consumo regular de ajo contribuye a la reducción modesta de la presión arterial sistólica y diastólica. Favorece la vasodilatación mediante la producción de sulfuro de hidrógeno y óxido nítrico en los vasos sanguíneos.

Perfil lipídico: Se ha observado que los extractos de ajo ayudan a disminuir ligeramente los niveles de colesterol total y colesterol LDL ("malo"), previniendo la acumulación de placa en las arterias.

Propiedades inmunomoduladoras y antimicrobianas: La alicina y sus derivados han demostrado actividad contra una amplia variedad de bacterias, virus y hongos in vitro. Además, estimulan la actividad de las células del sistema inmunitario.

Acción antioxidante y antienvejecimiento celular: Sus compuestos combaten el estrés oxidativo neutralizando los radicales libres, lo que protege a las células contra el daño estructural y el envejecimiento prematuro.

Cómo consumirlo para optimizar sus propiedades

El "truco de los 10 minutos" (Ajo crudo): Para maximizar la formación de alicina, pica o machaca el ajo crudo y déjalo reposar entre 8 y 10 minutos antes de consumirlo o someterlo al calor. Este tiempo permite que la enzima aliinasa actúe por completo.

Ajo cocido: El calor intenso y prolongado destruye la enzima aliinasa y reduce la concentración de alicina. Si se va a cocinar, es preferible añadirlo al final de las preparaciones.

Extracto de ajo añejado: Es una alternativa suplementaria bien tolerada que no produce mal aliento ni irritación gástrica, concentrando compuestos estables como la S-alil-cisteína.

Precauciones y contraindicaciones

Efecto anticoagulante: El ajo posee propiedades antiagregantes plaquetarias. Las personas que consumen medicamentos anticoagulantes (como la warfarina o la aspirina) deben moderar las dosis concentradas o extractos para evitar riesgos de sangrado.

Intervenciones quirúrgicas: Se recomienda suspender el consumo de suplementos o extractos de ajo al menos dos semanas antes de una cirugía programada.

Sensibilidad gastrointestinal: Consumir ajo crudo en ayunas o en grandes cantidades puede generar irritación de la mucosa gástrica, acidez, gases o reflujo en personas con gastritis o síndrome de intestino irritable.

Subir