Por qué algunas vacunas dejaron una marca en el brazo: la explicación científica
Muchas personas, especialmente quienes recibieron vacunas durante la infancia hace varias décadas, conservan una pequeña cicatriz redonda en la parte superior del brazo. Con el paso del tiempo han surgido numerosas teorías sobre su origen, pero la explicación tiene una base científica bien conocida.
En la mayoría de los casos, esta marca está relacionada con la vacuna contra la tuberculosis (BCG), utilizada durante años en muchos países para proteger frente a las formas más graves de esta enfermedad.
¿Qué es la vacuna BCG?
La vacuna BCG (Bacilo de Calmette-Guérin) se desarrolló a principios del siglo XX y se administra para ayudar a prevenir formas graves de tuberculosis, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis diseminada, especialmente en niños.
En numerosos países ha formado parte de los calendarios de vacunación infantil, aunque las recomendaciones actuales varían según el nivel de riesgo de tuberculosis en cada región.
¿Por qué deja una cicatriz?
La vacuna BCG se aplica de forma intradérmica, es decir, en la capa superficial de la piel. Tras la aplicación es normal que aparezca una pequeña elevación, seguida de una leve inflamación que puede evolucionar hacia una costra antes de cicatrizar.
Este proceso forma parte de la respuesta natural del organismo y, en muchas personas, deja una pequeña marca redonda permanente. El tamaño y la apariencia de la cicatriz pueden variar de una persona a otra.
¿Todas las vacunas dejan marcas?
No. La mayoría de las vacunas actuales se administran mediante inyección intramuscular o subcutánea y no producen una cicatriz visible.
La presencia o ausencia de una marca depende del tipo de vacuna, la técnica de administración y la respuesta individual de cada persona, por lo que no todas las inmunizaciones dejan señales permanentes en la piel.